El intimismo y sencillez de la obra de Montserrat Gudiol.

Por Zenaida Fuentes

Montserrat Gudiol, nacida en Barcelona e hija del crítico de arte y arquitecto José Gudiol Ricard, fue la primera mujer académica en las artes al ingresar en la Real Academia de las Bellas Artes de Sant Jordi.
Pintora por vocación, comenzó a pintar de forma autodidacta desde muy temprana edad, formándose, años más tarde, en el taller del pintor Ramon Rogent y en escuelas de Francia, Suiza, Inglaterra e Italia.

Su muy peculiar, intimista y personal estilo, fue reconocido mundialmente y expuesto en numerosas galerías de todo el mundo. Un estilo que, según el crítico de arte Juan Eduardo Cirlot, estaba influenciado por los frescos de Quattrocento y las épocas azul y rosa del artista Picasso, situándola entre el “enamoramiento gótico y un surrealismo sui generis”.

Cuando se contempla su obra, una parece tener la sensación de sumergirse y quedar atrapada en esos cuadros llenos de pasión, sufrimiento y, a veces, hasta una tristeza sutilmente oculta. Cuadros que retratan a unos personajes que, como bien dice Juan Eduardo Cirlot, “aparecen fusionados a esos intensos colores, que tanto gustaban a la pintora, y que se muestran con cabellos despeinados, manos de una gran elegancia, dedos largos, ojos que casi siempre muestran un rechazo a lo que ven y que parecen destinadas a soportar el dolor del mundo”.

Si quieres saber más sobre la autora puedes visitar su web oficial.

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