Las bondades del sofrito
Los tomates además de su particular sabor y su atractivo físico son nutritivos y saludables.
Apenas nos aportan calorías pero son una fuente de vitaminas (A, C y E) y minerales. Son bajos en sodio, de ahí que resulten ideales para los hipertensos y en la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Su llamativo color rojo se debe a la presencia de un pigmento carotenoide llamado licopeno, uno de los más potentes antioxidantes conocidos. El licopeno se encuentra en el tomate fresco y en todos los productos que se elaboran a partir de él como el concentrado, la salsa y el zumo de tomate o el kétchup.
Se ha visto que este pigmento se absorbe mejor cuando cocinamos el tomate con aceite de oliva virgen que cuando se consume en crudo, porque el calor contribuye a su mejor digestión y absorción. Para que se hagan una idea un tomate fresco contiene unos 2 mgr/100 gr de licopeno, mientras que el tomate frito unos 25 mgr/100 gr, así que una opción saludable es tomar el tomate en salsa o en fritura.
Muchos estudios relacionan la acción conjunta del licopeno y otras sustancias del tomate con un posible efecto en la prevención de los cánceres de vejiga y de próstata y con la reducción del colesterol malo ya que impide que este se oxide y dañe nuestras arterias. Además se ha demostrado que el jugo amarillo y gelatinoso que rodea a las semillas del tomate -que muchos tiran- posee propiedades anticoagulantes que pueden reducir el riesgo de aterosclerosis.
A día de hoy se desconoce si hay relación entre la maduración del tomate y la concentración de licopeno. Lo que sí debemos intentar es comerlo en su punto óptimo porque un tomate verde es más indigesto y tiene menos sustancias nutritivas. Además, el contenido en licopeno suele ser menor en los tomates cultivados en invernadero que en aquellos producidos al aire libre. También se ha descubierto que la cantidad de este antioxidante es menor en frutos que se recolectan verdes y maduran en un almacén en comparación con aquellos que lo hacen en la planta.
Por si no lo saben no hay que guardar los tomates en la nevera porque se daña la pulpa y pierden calidad. Lo ideal es comprar la cantidad justa que vayamos a consumir. Y si nos hacemos un zumo, mejor consumirlo enseguida para evitar la pérdida de vitaminas.
Así que a partir de ahora habrá que poner «una píldora de tomate frito» en nuestras vidas.
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