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Viñeta de Almost a Diary: Sobre la legalización de la prostitución

Viñeta de Almost a Diary: Sobre la legalización de la prostitución

SOBRE LA LEGALIZACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN

Para empezar, aclaremos: El oficio más antiguo del mundo no es la prostitución, es el de matrona.

Ahora prosigamos: legalizar la prostitución es convertir al proxeneta en empresario, y al estado en proxeneta.

La prostitución no puede entenderse como un debate en el seno feminista, pues para las feministas no hay nada que debatir, prostitución y trata van de la mano. Quizá para otros movimientos de vanguardia sí, pero para el feminismo, el cuerpo de la mujer NO puede ser objeto de consumo, por la «loca idea» de que se trata de una persona, y no una cosa. No pueden separarse, porque ahí radica su nicho de permisividad: las mujeres y niñas tienen que dejar de verse como meros productos para satisfacer el placer sexual; son seres humanos libres, igual que los hombres.

El feminismo radical (que aboga por atacar el problema desde su raíz, y no a posturas extremistas como dirían sus detractores) mantiene que no se trata de decir «Haz con tu cuerpo lo que te de la gana» sino que se trata de entender que si queremos conseguir una igualdad real (objetivo absoluto del feminismo) esta resulta imposible si el cuerpo de la mujer queda a disposición de consumo, anteponiendo el deseo de personas que no son capaces de establecer vínculos sexoafectivos en un contexto de normalidad  y que únicamente pueden mantener este tipo de relaciones con mujeres mediante la realización de un pago: si se tiene suficiente dinero y poder, se puede “elegir libremente” en un mercado en el que todo se compra, usar a otras personas para “obtener suficiente sexo, o el tipo de sexo que se desea tener.

De las cosas se puede ser propietario yo poseedor, disponer de ellas, negociar con ellas. Darle el mismo tratamiento a una persona, es COSIFICAR.

El abolicionismo queda lejos del conservadurismo puritano. Resulta lamentable que siendo los puteros el verdadero enemigo, al igual que lo son los proxenetas y cualquier tercero que se lucre con el ejercicio de esta actividad, la división de opiniones se centre en ataques al movimiento abolicionista tachándolo de «paternalista» por no respetar la «libertad» de las mujeres . Pero debemos preguntarnos: ¿estaría a favor de la esclavitud alguien que creyera en la libertad? La respuesta es evidente. El paralelismo, inevitable.

No se trata de enfrentar a las mujeres. Quede claro esto: el abolicionismo NO castiga a la mujer prostituta, no nace de un rechazo o un desprecio. No la criminaliza. No prohíbe a las prostitutas ejercer, pero NO  justifica ni ampara la prostitución como institución. No acepta que se deba legislar en base a una cuestión individualista tal y como proponen determinados partidos políticos. No se puede generar un debate que enfrente a  un ínfimo porcentaje de prostitutas autónomas privilegiadas frente al resto de mujeres, abominable mayoría, que ejerce  la prostitución en condiciones infrahumanas, pues debe hacerse en pos del progreso de la sociedad y la liberación y no en favor de la decisión unilateral de unas pocas, poquísimas, que eligen hacerlo desde una posición cómoda, sin representar en absoluto el caso normativo. Cuidado con ese disfraz de libertad, con ese falso empoderamiento, porque el discurso superficial y barato de «que cada uno haga lo que quiera» maquilla la pesadilla de la realidad que representa: un engranaje maquiavélicamente patriarcal de dominación, que ya tiene un nombre: machismo. El consentimiento no puede estar sujeto a pagos y condiciones: tiene que ser LIBRE.

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La justificación de la regulación de la prostitución como una profesión, es una afirmación  conceptuada por el capitalismo neoliberal. Pero existen ejemplos como Francia o Suecia, que mantienen el modelo abolicionista, que criminalizan al demandante de sexo de pago desde 1999 y que con su legislación envía una señal clara a la sociedad: comprar el cuerpo de otra persona para tu propio placer no es aceptable. Es conocido como «el modelo nórdico». Los jóvenes en Suecia ya no aceptan pagar por sexo. De un 13,6% de individuos que admitían haber pagado por sexo han pasado al 8% en solo 10 años de aplicación del modelo. Suecia es promotora de un importante cambio de mentalidad: la prostitución no es un oficio, es «explotación» y es responsabilidad de su clientela. También proveen fondos adicionales para educar al público y  contrarrestar el histórico sesgo masculino.

El argumento para justificar la empresarialización de la prostitución es, como no, el económico, el ingreso que supondría para las arcas del Estado el pago de impuestos de esta “actividad profesional”. Toda una cultura de la violación amparada y justificada por un Estado proxeneta que calla porque cobra.

Es una cuestión de Derechos Humanos. Da igual desde cuándo haya existido porque también lo han hecho las guerras,la esclavitud infantil, la mutilación genital, la tortura y el apartheid… y eso no legitima ni valida su existencia. Se lucha contra ello.

Así que antes de llamar paternalista a alguien abolicionista conviene replantearse en qué lado de la moneda estamos, a quién estamos apoyando realmente y hacia dónde nos dirigimos como sociedad

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